si hacemos que las leyes sean más simples y le quitamos el misticismo a la impartición de justicia, eliminaremos el manto de obscura impunidad que absorbe al Poder Judicial y envalentona a los delincuentes a extremos trágicos, como la masacre de Iguala.

si hacemos que las leyes sean más simples y le quitamos el misticismo a la impartición de justicia, eliminaremos el manto de obscura impunidad que absorbe al Poder Judicial y envalentona a los delincuentes a extremos trágicos, como la masacre de Iguala.

Hace 25 años la soberbia soviética fue derrotada desde adentro por los propios súbditos a las que consideraban simples “masas”, que desafiaron a la muerte misma para alcanzar la libertad y, en sus propias palabras, como las imprimió la prensa de 1989: “¡Es fantástica!” “¡Es increíble!” “La octava maravilla del mundo.” Más nos vale no olvidarlo.

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